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Efectos y señales de alerta

La mayoría de quienes sufren ciberacoso no lo cuentan, o lo cuentan tarde. Los motivos se repiten: vergüenza, miedo a que empeore si un adulto interviene y, sobre todo en adolescentes, miedo a que les quiten el celular. Por eso, muchas veces, quien se entera primero es alguien que supo leer las señales.

Qué efectos puede tener

Cada persona reacciona a su manera, pero estos efectos aparecen con frecuencia:

  • tristeza, miedo o enojo que no se van;
  • problemas para dormir, sobre todo si los mensajes llegan de noche;
  • bajar en el estudio o en el trabajo porque cuesta concentrarse;
  • alejarse de las amistades y dejar actividades que antes disfrutaba;
  • dolores de cabeza o de estómago sin otra causa clara, a menudo los domingos en la noche o antes de salir para el colegio;
  • sentir que no hay salida. Es el más serio y pide ayuda inmediata.

Señales en otra persona

Si usted es madre, padre, docente o amigo, fíjese en cambios como estos:

  1. Se pone nerviosa o triste justo después de mirar el celular.
  2. Apaga la pantalla o cambia de aplicación cuando alguien se acerca.
  3. No quiere ir al colegio, o pide quedarse en casa con excusas.
  4. Borra sus redes de repente o abre cuentas nuevas.
  5. Deja de jugar en línea con su grupo de siempre.
  6. Cambia mucho de apetito, de sueño o de humor.

Una señal sola no prueba nada. Varias juntas, durante días, piden una conversación.

Cómo abrir la conversación

Cómo pregunta pesa más que qué pregunta. Busque un momento sin prisa: un viaje en carro o una caminata funcionan mejor que sentarse a la mesa con cara seria.

Empiece por lo que ve, no por lo que sospecha: "Le noto más callado esta semana". Escuche sin interrumpir. Diga en voz alta que no es su culpa, aunque le parezca obvio; para quien lo vive, no lo es.

El error que más veo es reaccionar quitando el celular "para que no lo molesten más". Se siente como castigo, deja a la persona sin su grupo de apoyo y le enseña que contar sale caro. Prometa ayudar, no castigar.

Tampoco prometa guardar todo en secreto si hay peligro. Explique que va a pedir ayuda y que lo hará con cuidado, contándole cada paso.

Si quien lo sufre es usted

Contarlo no es exagerar ni ser débil. Escoja a una persona adulta de confianza: alguien de la familia, un docente, la orientadora del colegio. Si no se siente listo para decirlo en persona, escríbale primero un mensaje; muchas conversaciones difíciles empiezan así. Mientras tanto, no borre nada: esos mensajes son la prueba que va a necesitar.