Efectos y señales de alerta
La mayoría de quienes sufren ciberacoso no lo cuentan, o lo cuentan tarde. Los motivos se repiten: vergüenza, miedo a que empeore si un adulto interviene y, sobre todo en adolescentes, miedo a que les quiten el celular. Por eso, muchas veces, quien se entera primero es alguien que supo leer las señales.
Qué efectos puede tener
Cada persona reacciona a su manera, pero estos efectos aparecen con frecuencia:
- tristeza, miedo o enojo que no se van;
- problemas para dormir, sobre todo si los mensajes llegan de noche;
- bajar en el estudio o en el trabajo porque cuesta concentrarse;
- alejarse de las amistades y dejar actividades que antes disfrutaba;
- dolores de cabeza o de estómago sin otra causa clara, a menudo los domingos en la noche o antes de salir para el colegio;
- sentir que no hay salida. Es el más serio y pide ayuda inmediata.
Señales en otra persona
Si usted es madre, padre, docente o amigo, fíjese en cambios como estos:
- Se pone nerviosa o triste justo después de mirar el celular.
- Apaga la pantalla o cambia de aplicación cuando alguien se acerca.
- No quiere ir al colegio, o pide quedarse en casa con excusas.
- Borra sus redes de repente o abre cuentas nuevas.
- Deja de jugar en línea con su grupo de siempre.
- Cambia mucho de apetito, de sueño o de humor.
Una señal sola no prueba nada. Varias juntas, durante días, piden una conversación.
Cómo abrir la conversación
Cómo pregunta pesa más que qué pregunta. Busque un momento sin prisa: un viaje en carro o una caminata funcionan mejor que sentarse a la mesa con cara seria.
Empiece por lo que ve, no por lo que sospecha: "Le noto más callado esta semana". Escuche sin interrumpir. Diga en voz alta que no es su culpa, aunque le parezca obvio; para quien lo vive, no lo es.
El error que más veo es reaccionar quitando el celular "para que no lo molesten más". Se siente como castigo, deja a la persona sin su grupo de apoyo y le enseña que contar sale caro. Prometa ayudar, no castigar.
Tampoco prometa guardar todo en secreto si hay peligro. Explique que va a pedir ayuda y que lo hará con cuidado, contándole cada paso.
Si quien lo sufre es usted
Contarlo no es exagerar ni ser débil. Escoja a una persona adulta de confianza: alguien de la familia, un docente, la orientadora del colegio. Si no se siente listo para decirlo en persona, escríbale primero un mensaje; muchas conversaciones difíciles empiezan así. Mientras tanto, no borre nada: esos mensajes son la prueba que va a necesitar.